Seguimos con nuestra visita al nacimiento del río Llobregat. Reconfortados con el café subimos al coche y enfilamos hacia Castellar de n’Hug, donde llegamos tras unos 10 kilómetros una vez nos reincorporamos a la carretera que va a La Molina.
Al llegar a Castellar ya son casi las 2 de la tarde, hay que pensar en comer algo. Comenzamos el peregrinaje de restaurante en restaurante para leer las cartas y los precios. Finalmente nos decidimos por la Fonda Fanxicó, un restaurante sencillo pero con pinta de acogedor.
Al final la comida y el servicio fueron más bien reguleros. Yo pedí unas torradas con anchoas que resultaron ser contenedoras de toda la sal del mar donde las habían capturado. Terrible. El segundo de Cristina, carn d’olla (una especie de potaje), resultó demasiado abundante. Todo muy descompensado.
Una vez abandonamos el restaurante enfilamos hacia la zona donde nace el río Llobregat.
Comenzamos a bajar un montón de escaleras, donde a medio camino caímos en que de regreso habría que subirlas todas. Buf, ni pensarlo quiero.
Todo el recorrido esta perfectamente acondicionado, hay papeleras y bancos donde sentarse por todo el camino.
La brecha principal por donde brota el agua es impresionante, y está fría como un demonio… metí los pies y no hubo narices de mantenerlos dentro más que unos pocos segundos.
Algunos rincones invitan a sentarse y pasar un buen rato viendo pasar el liquido elemento.
Aquí tenéis otra de las aberturas por donde la tierra deja escapar el agua que luego formará el río Llobregat.
Hemos pasado un buen rato dando vueltas de un lado para otro, la comida ya se encuentra en los pies y comienza a apetecer tomar algo tranquilos, así que enfilamos las escaleras y de cabeza al coche.
Finalmente paramos en Ripoll para tomar un refresco, dar un paseo y ver lo bien que el ayuntamiento ha dejado el centro del pueblo. Es tarde y comienza a oscurecer, amén de que comienza a hacer fresco. Coche y a casa.














