Ayer hablaba con una amiga de lo divino y lo humano, de nuestra forma de ser y de temas más trascendentales como la pervivencia tras la muerte física.
De un lado mi amiga, defensora a ultranza de la existencia del espíritu y del cuento de continuar existiendo en forma etérea… hasta tomar posición en un nuevo cuerpo y volver a lo terrenal.
Por el otro lado un servidor, que entiende la vida como un revestimiento vivo animado formado por casquería fina y por impulsos eléctricos, que una vez finalizados éstos se convierten en calor, o lo que sea, y punto.
Ella me argumentaba casos en los que niños han reconocido en personas que no habían visto nunca a sus “antiguos padres” en otra vida, antes de morir trágicamente y regresar a esto de lo carnal para volver a tropezar con la misma piedra. La vida.
Vale, que eso son historias que nos suelen llegar casi siempre de fuera de España, con aderezo doble de datos “increíbles” para hacer la cosa más creíble, más USA. Pero a la vista está que cala en determinadas personas que, sin profundizar más allá de lo que escuchan lo adoptan como dogma de fe. Y punto.
Yo estoy francamente preocupado… vivir una nueva vida ¡¡¡Horror!!!
Volver a nacer, volver a crecer, de nuevo a estudiar, luego a pagar impuestos toda tu puta vida y ale… te mueres y ¡¡¡¿Vuelta a empezar?!!!
¡¡¡¿Pero esto qué es?!!! (gritar a lo Matías Prats)
Me parece a mi que eso de la reencarnación puede ser una esperanza para algunos pero una gran faena para la mayoría. Espero de verdad que eso no exista, debe ser terrible de repente tomar consciencia de haber vivido ya una existencia anterior, arrastrar ese peso durante oooootra vida nueva. Que santo coñazo.
Brindo con moscatel por una vida única y, como los botellines de Xibeca, no retornable.
Wikipedia | Reencarnación







