Ya luce la pegatina amarilla en el parabrisas de mi cafetera. En esta ocasión, por haberme trasladado a vivir a Salamanca he pasado la ITV en el centro que Itevelesa tiene en Castellanos de Moriscos… a unos pocos kilómetros de la ciudad.

Lo primero: soy catalán, es el precio… la ITV más cara de todas las que he pasado con diferencia, nada más y nada menos que 60 eurazos.
Lo segundo: posiblemente el personal más amable de todos con los que he tenido la ocasión de tratar en las distintas ITV que he usado.
Empiezo con el control de humos, el chico que se encarga del asunto ve que los valores sobrepasan con creces los admitidos pero, en lugar de simplemente rechazar el vehículo, le mete caña hasta “descascarillar” algo de carbonilla en los inyectores. Entonces las lecturas vuelven a sus niveles correctos.
Recuerdo que en la ITV de Applus de Pasaje Puigmadrona en Barcelona me rechazaron el coche por tener una bombilla de posición fundida.
Al bajarse del coche incluso me dio consejos para que no me vuelva a pasar. Se conoce que soy muy tranquilo conduciendo y como nunca subo de determinadas revoluciones el coche estaba como “dormido“… así que me recomienda subirlo sobre las 3.000 vueltas o un poco más en tercera, de vez en cuando.
El siguiente operario también muy amable, con bromas sobre el kilometraje del coche y sobre comprar un décimo de lotería que coincidiese con el mismo.
Pues ale, hasta el año que viene.
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