Este mediodía hemos decidido salir a comer fuera. En nuestras pateadas siempre nos topamos con el restaurante Collformic (aquí su web, por si queréis dar un vistazo… o con un clic en la imagen de debajo) que suele estar hasta los topes.

Restaurante Collformic
Así que a eso de las 12:45 hemos llamado y nos han reservado mesa para las 15:00 horas… hemos llegado puntuales, y aquí han comenzado los problemas.
Reservar pa ná es tontería
Como digo llegamos puntuales, pero entre un “se esta vaciando la mesa” y un “ya casi esta” nos han tenido media hora esperando. Bueno, todo estaba hasta los topes y un fallo de cálculo lo tiene cualquiera. Finalmente nos pasan a la mesa, que se ubica al lado de la cafetera, a un metro escaso y el mueble de la cristalería, a otro metro escaso. Buf, tráfico de camareros constante.
Ruido ensordecedor
Vale, que de eso no tienen culpa pero prometo que entrar en el comedor es lo más parecido a hacerlo en un campo de fútbol ¿por qué gritamos tanto?
El griterío es de órdago, solo por eso ya pensé que habíamos metido la pata. No estoy exagerando, hasta el camarero tuvo que agacharse para poder oír la comanda. Terrible.
La carta
Mi pareja pide de primero espinacas con piñones y pasas, yo pastel de cangrejo (plato recomendado del día) y de segundos torrada de butifarra para ella y butifarra con guarnición (escalivada) para mi. De beber pido un vino rosado de aguja.
A los 10 minutos, sin haber servido nada aún, el camarero me dice que no les queda del vino que he pedido… me miro la carta y finalmente nos decidimos por la sangría de cava.
El paso del tiempo
Desde el vino hasta que nos sirven el primero pasa casi media hora. Ya nos damos cuenta de que estamos ante un local que admite más comensales de los que puede atender. Según vemos el “cuello de botella” no son los camareros sino la cocina, que va liberando los platos a ritmo lento.
Otra cosa, las espinacas ademas de llevar pasas y piñones llevan leche y una capa de queso fundido encima… a mi pareja no le agrada demasiado. Vale, que se puede preguntar antes de pedir, pero también pueden especificarlo en la carta ¿no?
Ese segundo… ¿viene o no viene?
Señores ¡¡¡ 40 minutos después viene el segundo !!!… para colmo nos damos cuenta que viene recalentado en microondas. Yo me pregunto ¿casi tres cuartos de hora para dos butifarras?
A todo esto llevamos ya casi dos horas metidos allí, a mi me empieza a doler la cabeza del follón. Comemos rápido el segundo, pedimos café y cortado. Salimos corriendo de la sala para pagar a la entrada.
Otros detalles
Las sillas, para colmo, son muy incómodas y cuando hemos podido huir me dolía bastante la espalda. El “all i olí” es de puro bote, lo servían desde nuestra vera a cucharazo limpio de un bidón de 5 kilos.
Y para remate el sobrecito del azúcar que reza como sigue:

Sobrecillo irónico
En la leyenda de color rojo se lee: Si quiero comer bien, a Collformic iré (si tienes unas horas libres claro está)

La cuenta
Resumiendo que es gerundio…
A favor:
1. Sitio bello, Collformic a 1.145 metros de altitud
2. La comida es aceptable
3. Precio, a la cuenta me remito, más o menos razonable
En contra:
1. No respetan las horas de reserva
2. Comida recalentada en microondas
3. Tiempos de espera desproporcionados (2 horas para comer dos personas)
4. Sillas incómodas
5. La carta no describe bien los platos
6. Mesas apretujadas y algunas directamente sobran por estar mal ubicadas
7. Griterío insoportable de los comensales
Nosotros lo tenemos claro, restaurante Collformic: nunca maís
Seguiremos comprando los cafés con leche para recuperarnos a media pateada, pero no volveremos para comer.
En fin, una experiencia más… ahora os toca decidir si vais o no, pero no podéis decir que no estáis avisados.
Por cierto, después de comer os recomiendo un paseito desde el puerto de Collformic hasta el Pla de la Calma, a unos 15 minutos a pie. Vale la pena, se te quita el cabreo y te baja la comida.