Paseando por la Rambla Principal de Vilanova i la Geltrú siempre me llama la atención esté maniquí que “adorna” la entrada a un comercio.
Da entre grima y yuyu. Es… extraño. Me imagino levantándome por la noche al lavabo y encontrándomelo plantado en medio del comedor, con la penumbra de la luz que entra por las ventanas iluminando esa sonrisa.
Y que de repente abra los ojos.








