One more time me pasa un sucedido en el tren. Resulta que bajaba a Barcelona en tren y en La Garriga se suben un grupo de jóvenes perroflautas (o alternativos, como quieras llamarlos) de entre 16 y 18 añitos con toda la intención de viajar de válvula.

Grupo de jóvenas perroflautas a la hora del lunch
El problema, aparte de su perroflautismo en ciernes, es la poca vista o práctica en esto de usar las cosas sin pagar. El convoy de las 8:56 de la mañana tiene solo dos vagones y en lugar de ponerse al final (el revisor comienza “la ronda” desde la cabeza a la cola) van y se sientan justo al lado de la puerta por la que sale el miura de los tickets.
Los jóvenes alternativos viajaban desde La Garriga hasta Granollers, es decir, dos paradas de nada.
La cuestión es que se pusieron muy tontos, que si risas, que si enciendo un cigarrito (no se puede fumar en los vagones)… hasta que se abre la puerta del toril, digo de la cabina del conductor y sale un hermoso revisor, bragado, patilargo, de nombre Rutilante.
Yo que me veo la situación sigo atento la escena, Rutilante fija sus ojos ávidos de fiesta en los perroflautas. Me pide a mi el billete, apenas gruñe un “Buenos días” pero sin mirarme, ya nada puede pararle…
- ¡APAGUE EL CIGARRO!
Lo dijo en un tono tan firme y gutural que hasta yo mismo me sorprendí buscando el pitillo en mi mano. Y eso que no fumo.
- BILLETES… POR FAVOR (sonrisa y brillo Profiden)
La alegre muchachada ya no ríe, este no es un revisor flojo, han dado con la horma de sus babuchas. Sus rastas apuntan al suelo.
Les hizo pagar uno a uno (eran 5 muchachas y 1 mastuerzo) sin perdonar ni un solo céntimo de euro. Tanto es así que el tipo no dio la orden de seguir al conductor hasta que el último de los alternativos hubo pagado.
Niños perroflautas: si somos antisistema, hemos de serlo full time. Pero si queremos viajar como el resto de los mortales, es decir, calentitos, sentados y disfrutando del paisaje, tenemos que abonar el correspondiente billete. Los trenes no los regalan en Alstom, ni los señores que conducen o mantienen todo esto lo hacen por amor al arte; cobran un sueldo.