La navaja de Ockham

La navaja de Ockham es un principio filosófico cuyo enunciado viene a decir que cuando dos teorías tienen las mismas consecuencias hay que elegir la más simple en lugar de la más compleja.

Vista las aurículas derecha e izquierda en el corazón
Hoy he vivido ese principio del bueno de Guillermo de Ockham.

Como ya sabéis hace unas semanas sufrí un Ictus que me llevó a estar hospedado por cuenta del estado durante 4 días en el Hospital General de Granollers.

Durante mi estancia se barajaron dos teorías que podrían haberme llevado a tal situación.

La simple: Al haber sido intervenido apenas 10 antes de una insuficiencia venosa en mi pierna derecha, cabía la posibilidad de que un pequeño coágulo hubiese provocado el accidente.

La complicada: Un accidente provocado por una serie de complicaciones y extrañas conjunciones planetarias… con tal de evitar la simple.

Todo el mundo descartó la simple, sobre todo las doctoras que me operaron de la pierna, alegando que era casi imposible que eso fuese así. Lo cierto es que la operación obligó a trabajar en la vena sacena y motivo de ello la prescripción de 21 inyectables de heparina.

Es decir, no puede ser, pero te mando el doble de heparina de lo normal. No se corresponden la postura con prescripción medica.

Hoy me han sometido a una Ecocardio Transesofágica que buscaba un pequeño defecto (imposible decían) de comunicación entre la aurícula derecha a la izquierda en mi corazón… en un principio no se apreciaba pero al realizar un test de contraste con suero fisiológico “lo imposible toma cuerpo” y allí estaba. No es un defecto grave ni que signifique nada especial, pero allí estaba.

Se trata de lo que técnicamente llaman Formen Oval Permeable, un defecto congénito que salvo algunas ocasiones no se trata médicamente.

El principio filosófico ha vuelto a triunfar. He sentido un alivio bastante grande porque de otra forma los motivos hubieran sido más preocupantes… luego hay otras consideraciones que no puedo hacer en público por motivos obvios.