Anécdota al canto. Me sucedió hace un par de años y fue algo casi surrealista por la situación.

¿Por qué no me entran borrachos así?
La cuestión es que estoy recién llegado a mi taller, abro la persiana, desactivo la alarma, enciendo luces, dejo bolsa y abrigo en el lavabo, miro a ver si han llamado porque el día anterior fue lunes pero fiesta, dejo la puerta abierta para que se ventile el local mientras me dispongo a coger la escoba para dar un repaso a la acera. Todo normal, lo de cada día.
La cuestión es que acabo de barrer la acera y al meterme en el local veo que entra alguien conmigo. Pienso: “Joer, no son ni las nueve y ya empezamos…”
Me giro y me encuentro con un tipo de unos 50 años, abrigo largo y mirada perdida en la esquina superior izquierda del fondo del zulo donde trabajo.
- Hola buenos días… dígame…
- …
Pensamiento: Madre mía, de buena mañana y ya la vamos a tener
- ¿Hola? Buenos di…
- Nene, un güiski (voz ronca)
- ¿Perdón?
- Un… güiski…
- Perdone, esto es un servicio técnico… reparamos ordenadores aquí
Da un respingo, parece recuperar la percepción del espacio y el tiempo, me mira, mira el entorno… y gruñe.
Tal y como había venido desapareció. Tambaleante. Taciturno.